La partida de ajedrez más extraña de la historia

Foto: Alan Light.

Hoy en día el mundo del ajedrez es (al menos para los no iniciados, como yo) un lugar aparentemente poco dado a tensiones y escándalos, sin embargo, hubo un tiempo en el que este juego se convirtió en otro escenario público más de la guerra fría. Eran los tiempos de la desaparecida URSS, y los ajedrecistas soviéticos eran el orgullo cultural del Kremlim. Precisamente dos de esos ajedrecistas protagonizaron la final de 1978 en Filipinas, quizás, uno de los momentos más surrealistas de la historia de este deporte.

Los contendientes del encuentro que debía decidir al campeón mundial eran Anatoli Kárpov y Víktor Korchnói. Karpov llegaba como campeón vigente tras haberle arrebatado el título al célebre Bobby Fisher en 1975, al renunciar este último a defender su título. Además, Karpov era toda una celebridad en la URSS y como tal, contaba con el apoyo del gobierno soviético. Por contra la situación de Víktor Korchnói era muy diferente, ya que durante un torneo celebrado en Amsterdam en 1976, Korchnói se convirtió en el primer Gran Maestro soviético en desertar a occidente, lo que le granjeó el desprecio y el odio de su antiguo gobierno.

Anatoly Karpov. foto: Stefan64

En estas circunstancias llegaron los jugadores a la Final Mundial de 1978 y la tensión política no tardó en aparecer. El primer contratiempo surgió en las reuniones previas al comienzo del encuentro. Éstas debían servir para acordar los términos en los que se disputaría la final y uno de los puntos más delicados era decidir bajo qué bandera jugaría el aspirante Korchnói. No se trataba de un problema nuevo para él, ya que durante su camino a la final, tuvo que enfrentarse a otros ajedrecistas soviéticos, con idéntica problemática. En esas ocasiones, las diferentes delegaciones soviéticas se opusieron a que Korchnói utilizara las banderas holandesa o suiza (países en los que residía) y le propusieron entre otras opciones, que utilizase la bandera pirata (que gran sentido del humor el de los soviéticos). Vistos los antecedentes, Korchnói pidió jugar la final bajo una bandera blanca con la leyenda “Sin Estado”, algo que resulto del agrado del equipo de Karpov. Sin embargo, la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) decidió con muy buen criterio que lo mejor sería jugar sin banderas en la mesa, las únicas banderas estarían al fondo del escenario y serían las de la URSS, la de la FIDE y la del país organizador, Filipinas.

Victor Korchnoi
Victor Korchnoi. foto: Stefan64 (Wikimedia)

Durante esas reuniones, Korchnói tambien avisó de que llevaría su propia silla a la final (¿superstición? ¿manías? ¿hemorroides?). Karpov aceptó la extraña petición, aunque no debió quedar demasiado conforme porque al poco de comenzar la final exigió a la organización que analizaran la silla de Korchnói en busca de posibles artefactos ocultos. La silla tuvo que ser desmontada y enviada a un hospital filipino para ser escaneada con rayos-X. Las radiografías demostraron que la silla no contenía ningún elemento extraño y que gozaba de una excelente salud.

La final se programó al mejor de 32 partidas y el árbitro principal era Lothar Schmid, quien tras la polémica de las sillas, debió pensar que las cosas ya no podían ir a peor. Se equivocaba.

Durante las primeras partidas de la final, Korchnói apareció llevando unas magnificas gafas de sol con cristales de espejo. Sabía que a Karpov le gustaba mirar fijamente a los ojos de sus contrincantes para añadirles presión, así que decidió que unas buenas gafas de espejo serían el mejor remedio. Inmediatamente Karpov se quejó a los jueces argumentando que las gafas de Korchnói producían reflejos que le desconcentraban. Los jueces (que empezaban a estar levemente mosqueados) tuvieron que sentarse en el asiento de Karpov y dictaminaron que no se producían tales reflejos. Karpov acató el veredicto con deportividad, aunque existe la sospecha no confirmada de que mientras se retiraba iba diciendo por lo bajini “gafotas de mier&@” (en ruso, claro).

Una vez superada la “crisis de las gafas” pudo comenzar el segundo juego y al poco tiempo apareció en el escenario un camarero que, de forma discreta entregó a Karpov un objeto inimaginable y sorprendente, algo que podría cambiar el curso de la final…un yogurt (de mora para ser exactos). Como habréis adivinado alguien se quejó a los jueces y como también habréis adivinado ese alguien fue Korchnói. Según el aspirante el yogurt podía ser algún tipo de señal enviada por el equipo de Karpov (un yogurt en clave, vaya). El arbitro Schmid (santo varón), tuvo que definir una regla para los yogures. En adelante Karpov solo podría recibir yogures en ciertos momentos preestablecidos y además ¡tendría que informar del sabor del yogurt antes del comienzo de cada partida! Llegados a este punto, quiero decir que en mi opinión este problema fue fruto de la negligente actuación del jurado al no prever una regla para el envío de yogures antes del comienzo de la final. XD

El encuentro siguió su curso “normal”, pero entonces apareció un nuevo personaje en esta historia, el doctor Zukhar, director del laboratorio de psicologia de la escuela de medicina de Moscú y miembro de la expedición de Karpov. En teoría su labor era prestar apoyo psicológico a Karpov, pero a las pocas partidas, se sentó en las primeras filas de la sala y comenzó a fijar su mirada en Korchnói durante el juego. Tras varios juegos, el equipo de Korchnói acuso a Zukhar ante los árbitros de ser un parapsicólogo a sueldo de Karpov, cuya única misión era interferir y confundir telepáticamente los pensamientos del jugador. Pidieron que Zukhar se retirase de las primeras filas a lo que Karpov respondió con un escueto “se irá cuando tú te quites las gafas”(en serio que lo dijo) (aunque es posible que después añadiera de nuevo lo de “gafotas de mier&@”, pero tampoco puedo confirmarlo en esta ocasión).

Durante el resto de la final, el Dr. Zukhar estuvo cambiando de fila insistentemente y a punto estuvo de provocar el traslado del encuentro a otra sala en varias ocasiones, ante las reiteradas quejas del equipo de Korchnói.

En su afán por eliminar el “problema Zukhar”, Korchnói contrató a su propio parapsicólogo, el Dr. Vladimir Berginer, para interferir a Zukhar y además solicitó la instalación de un espejo entre el escenario y el público (uno de esos que solo se transparenta en una dirección). El parapsicólogo no pareció ser muy útil y Korchnói prescindió de sus servicios a los pocos días. En cuanto al espejo, los jueces (al borde de una crisis nerviosa), consiguieron convencerlo de que se trataba de, por decirlo elegantemente, una soberana mala idea. Debo añadir que estas alturas del torneo, el árbitro principal Sr. Schmid, no hacia más que preguntarse qué tal serían los sueldos en la Federación Mundial de Parchís.

De todas formas Korchnói siguió incomodo con Zukhar y más adelante se trajo a un par de miembros de una secta hindú para que, a través de la meditación, anularan la nefasta influencia del doctor. Lo malo es que la pareja, de nombre artístico Dada y Didi, resultaron estar acusados del asesinato de un diplomático hindú y tuvieron que ser expulsados de la final. Evidentemente, este incidente no ayudó mucho a mejorar el ambiente de la final, ni tampoco la salud mental de Schmid.

Y así, en mitad de este alegre ambiente, la final alcanzo su trigésimo segunda y definitiva partida. Muy pronto Korchnói comprendió que el juego y la final estaban perdidas y pidió un receso para continuar al día siguiente. La final, sin embargo, jamás continuó. A la mañana siguiente Korchnói informó a los jueces que no pensaba seguir jugando y que tenia intención de impugnar el torneo ante la FIDE argumentando que la final se había jugado bajo circunstancias completamente irregulares (¿irregulares? ¡anda ya exagerao!).

Y de esta forma la partida más extraña de la historia se convirtió también en la más larga, ya que la FIDE no emitiría su veredicto final hasta agosto ¡¡de 1981!! La sentencia declaraba que Karpov era el legítimo vencedor de la final de 1978. Curiosamente Korchnói recibió la noticia de su derrota mientras disputaba la final del título de 1981 en Merano, en la que se enfrentaba a un conocido ajedrecista ruso…un tal Karpov.

Fuentes consultadas:

Viktor Korchnói en la Wikipedia.

Anatoli Kárpov en la Wikipedia.

La final de 1978 (en).

Puntuación de la final.

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4 comentarios en “La partida de ajedrez más extraña de la historia

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. El ajedrez es algo apasionante, al menos para mí. Es más que como la vida, para algunos… es la vida.
    No recuerdo si fue en ese enfrentamiento, hubo que colocar una tabla bajo la mesa para separar a los contendientes… y para evitar que se dieran patadas.
    Fue también famosa la final en la que uno hacía su movimiento y salía del escenario. A continuación el contrincante entraba, pensaba y hacía su movimiento. Y así sucesivamente…
    Lo dicho, como la vida.

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