Antes de la historia, las disculpas…
No estoy del todo seguro, pero creo que durante el último mes he sufrido uno de esos “muros creativos” a los que todo blogger novato debe enfrentarse al comienzo de su camino. Durante este tiempo, no me han faltado temas sobre los que escribir, parece más bien que se ha tratado de un problema de autodisciplina. Es pronto para saber si he superado este bache, pero supongo que pronto lo averiguaremos.
Pues bien, hoy vuelvo para traeros una pequeña historia en la que se unen dos de mis temas favoritos, la historia de la segunda guerra mundial y el mundo de la fotografía. Y si vamos a hablar de fotografía durante la SGM, seguramente más de uno ya tendrá en la cabeza el nombre del protagonista de este post, Robert Capa.
No hace falta ningún motivo especial para dedicarle unas líneas a Capa, miembro fundador de la agencia Magnum y autentico icono del fotoperiodismo bélico del siglo XX. Pero lo cierto es que la publicación de la novela “Esperando a Robert Capa” de Susana Fortes y la reciente noticia de su salto al celuloide (de la mano de Michael Mann) me han servido de excusa perfecta para recordar una pequeña anecdota sobre uno de los trabajos más famosos de este fotógrafo, sus fotografías del Día D.
Pero antes de contaros esa historia, merece la pena dedicar un momento al personaje; y nunca mejor dicho lo de “personaje”, porque Rober Capa fue solo eso, un personaje. El hombre al que todos conocemos hoy como Robert Capa se llamaba en realidad Ernest Andrei Friedman, era judío y nació en Hungría. Dejó su patria en los años treinta huyendo del auge del fascismo y se estableció en París (es en este momento en el que comienza la historia de “Esperando a Robert Capa”). Con el estallido de la guerra civil española, se traslado a nuestro país acompañado de su compañera sentimental, la también fotógrafa Gerda Taro. Juntos crearon el personaje de Robert Capa, nombre con el que comenzaron a firmar sus trabajos.
Durante su estancia en España Friedman y Taro realizaron un trabajo excelente, que dejo algunas joyas como la famosa y controvertida fotografía “muerte de un miliciano”. El libro de Susana Fortes se centra en esta época de la vida de ambos, así que como no quiero destripar la historia, no os daré más datos (no he leído el libro, pero todo el mundo habla muy bien de él).
Poco tiempo después del fin de la guerra civil, el mundo conocería el mayor conflicto bélico la historia, la segunda guerra mundial. Friedman, ya en solitario, estuvo presente en los principales escenarios de la contienda. Siempre con sus cámaras a cuestas y siempre en primera línea de la acción. Durante estos años Capa dejó un puñado de fotos para la historia, haciendo siempre honor a su lema “si tus fotos no suficientemente buenas, es que no estabas suficientemente cerca”.
La guerra fue pasando lentamente y así llegamos al instante sobre el que quería hablaros, el 6 de junio de 1944, día del desembarco de Normandia. Aquel día, Capa demostró una vez más su forma de entender el periodismo. En lugar de esperar a que los aliados controlasen las playas antes de unirse a ellos, Robert armado únicamente con sus dos cámaras Contax II, se embarcó con la primera oleada de ataque, rumbo a la playa “Omaha”. Cualquiera que halla visto el comienzo de “Salvar al soldado Ryan” puede hacerse una idea del tipo de profesional que era Capa (o de su inconsciencia, según se mire) y también entenderá por qué a ese trozo de costa se le conoce desde entonces como “Bloody Omaha”.
De su pequeño paseo por el infierno, Robert se trajo 4 carretes, 72 instantáneas en total, con las que embarco rápidamente de vuelta a Inglaterra.
No creo que sea necesario explicaros que en la sede de la revista Life en Londres esperaban ansiosos la llegada de este material, imaginaos ¡¡72 fotografías exclusivas de la mayor operación bélica de la historia!!. Pero el destino le tenia preparada una pequeña “broma” al bueno de Capa. Durante el proceso de revelado de los rollos, el operario encargado de la tarea, un tal Dennis Bank, no se sabe si por nervios, prisa o por malestar general, cometió un “leve” error de calculo durante el secado de los negativos. Les aplicó un exceso de calor que destruyó prácticamente todas las fotografías, tan solo se salvaron once, que se conocen desde entonces como “Las once Magníficas“. La verdad es que no quedó constancia de la reacción de Capa ante este incidente, auque me atreveria a aventurar que debió decir algo así como “¡¡dejadmelo, dejadmelo que lo comoooo!!!, pero claro, nunca lo sabremos. Lo que sí se conoce es la explicación que dio Life al mal estado de las fotos publicadas. Según la revista la baja calidad se debía a que Robert Capa las había tomado “levemente desenfocadas”, (a lo que tampoco sabemos con certeza cómo respondió el fotógrafo, pero que tuvo que ser del estilo de “¡¡desenfocadas mis co***es!!”).
Lo que sí sabemos, es que tiempo después Capa publicaría sus memorias bajo el titulo de “Ligeramente desenfocadas”, lo que demuestra un saludable sentido del humor por su parte así como su “buen perder” (o quizás, todo lo contrario).
Dedicatoria: A ese gran profesional que fue Robert Capa y al pobre Dennis Bank. Tranquilo Dennis, todos somos humanos (pero lo tuyo fue de Oscar macho).
Os recomiendo un vistazo a la galería de Robert Capa en la agencia Magnum.



Q alegría volver a leerte.
Q siga la racha…
Un abrazo
muy bueno srpolo, es el que más me ha gustado de todos!
Muchas gracias por los cumplidos, trataré de mantener la linea (la editorial, me refiero)
[...] Diciembre 2009 de srpolo Si no hace mucho os hablaba de uno de los mejores reportero gráficos de la Segunda Guerra Mundial, hoy os traigo una interesante colección de fotografías relacionadas con este conflicto. Resulta [...]